Autor: Miguel Ángel Álvarez Areces

Publicado en la revista Ábaco, de cultura y ciencias sociales, nº 19 (2ª época, 1999) en su número monográfico «Arqueología Industrial: Testimonios de la Memoria». ISSN 0213-6252 y Depósito legal O-1376-86

Un vestigio industrial es un objeto de la memoria colectiva. Su utilidad práctica compromete tanto a nuestros contemporáneos como a generaciones futuras como señalan acertadamente Gracia Dorel Ferré y Louis Bergeron (1990). La Industrial Archaeology o Arqueología Industrial puede estar convertiendose más en un movimiento de amplio calado social que concita sentimientos y actitudes vitales que enlazan con la historia, arquitectura, geografía, economía, ingeniería, el arte y la cultura entendida en un sentido amplio y plural, superando al concepto de disciplina académica. En 1955 el artículo «el historiador amateur» de Michael Rix dio el aldabonazo y llamada de atención ante la urgencia de preservar los testimonios de la era industrial afectados por la desaparición irreversible. Desde entonces la arqueología industrial se ha abierto paso abordando estudios e induciendo tareas de preservación, rescate, definición de inventarios, investigaciones aplicadas y apertura de Museos con la recuperación de restos materiales y simulación de procesos técnicos . Los trabajos de Kenneth Hudson, (1963) y el Registro Nacional de Monumentos Industriales (NRIM) implantado en el Reino Unido contribuyeron notablemente a su popularización. Al mismo tiempo se tiende a utilizar con más frecuencia el concepto de Patrimonio Industrial, que coexiste con el anteriormente mencionado de Arqueología Industrial, más sujeto al enfoque académico, al social, económico y hasta el político, tras el magnífico trabajo L´archeologia industrielle, de Maurice Daumas (1980).

El patrimonio industrial y las huellas de la revolución industrial han dejado de ser una reliquia, o una rémora, para convertirse en nuevos bienes culturales, cuando no factores o palancas para el progreso económico y social de las regiones y comarcas donde se asentaban estos viejos monumentos de la industria.

La idea de preservar un edificio o una instalación industrial no es un fin en sí mismo. La proyección social de utilidad exige, en muchos casos, su transformación y su adecuación al entorno con los objetivos de conservar y evitar su derribo. Actualmente se valora más el patrimonio local como testimonio de la vida cotidiana y memoria del lugar, aparte de la consideración enunciada de la reutilización y nuevo uso de la vieja arquitectura industrial, y también las aportaciones en el estudio de las condiciones de vida y trabajo, intentando reconstruir los originales procesos productivos, incidiendo en el aporte inapreciable y sustantivo de la historia oral con la metodología adecuada para estas investigaciones.

Si los aspectos anteriores están presentes en el grado actual de esta cuestión en España, tenemos la referencia de otros lugares con más desarrollo y experiencia, tal es el caso del Ironbridge y otros lugares en el Reino Unido donde se enfatizan los análisis de edificios históricos y paisajes industriales, la arqueología de la revolución industrial, los museos y la conservación in situ, así como la gestión estratégica del patrimonio, la financiación y aspectos financieros del mismo. Por otra parte, tenemos la experiencia de Michigan que deviene especialmente en la gestión de los recursos culturales, , los métodos arqueológicos del análisis de laboratorio y la historia de la tecnología, como aspectos más relevantes de sus aplicaciones sobre estos temas.

Los bienes considerados del patrimonio industrial adquieren un sentido y una función particular que excede de lo estético o estrictamente testimonial para convertirse en un núcleo de orden —temporal y espacial—, en aquello que pueda ser un muro (Marina Waisman 1997) frente al avance del desorden representado por el olvido y por la pérdida de sentido del lugar. La historiografía arquitectónica, los tejidos urbanos y rurales entran en este campo patrimonial, así como los llamados patrimonios no monumentales, como puede ser la arquitectura industrial.

Turismo Cultural e Itinerarios Industriales

El Turismo es un fenómeno que está en situación de cambio cualitativo en sus pautas de comportamiento. El proceso iniciado en los años posteriores a la 2ª guerra mundial llevó en el mundo desarrollado a que los viajes y desplazamientos se convirtiesen en convención social de vacaciones para el descanso y solaz de las clases trabajadoras y medias. La búsqueda inicial de sol y playa se combina en la actualidad con un incremento del llamado turismo cultural con el que sectores cada vez más importantes de la población requieren conocer los valores culturales, las señas de identidad de la comunidad local o del país en concreto.

Esta creciente demanda social motiva la abundancia de iniciativas de museos, centros de interpretación, ecomuseos, equipamientos colectivos de carácter etnográfico, histórico, artístico, del amplio campo de la denominada cultura material. El patrimonio industrial no es ajeno a este proceso.

En este sentido parece denotarse una vuelta al espíritu que animaba a los viajeros de l siglo XIX, que con su interés por el paisajismo y naturalismo, con influencia del romanticismo , del impulso aventurero y curioso por conocer cosas diferentes llevó a un desarrollo de la literatura de viajes y al descubrimiento de valores culturales por sus actores : monumentos, museos, catedrales, bibliotecas, instituciones de la ciencia, recursos industriales, técnicas y fuerzas productivas emergentes. Cuando llegamos a la etapa finisecular del siglo XX se vuelven a poner en valor la interrelación del patrimonio natural, cultural e industrial emulando aquella sana curiosidad intelectual de los viajeros de cien años atrás.

El Turismo industrial como vertiente del turismo cultural, conecta la geografía del turismo con los itinerarios a las huellas y vestigios de la segunda revolución industrial, en un marco de recesión social de aquellas regiones de rancia solera en el desarrollo económico que marcaron la impronta con factorías, minas, puentes, canales, altos hornos, imprentas, cerámicas y cementeras, todo un conjunto de elementos o monumentos de la industria que describen sendas cargadas de historia y simbolismo. Las relaciones sociales que marcaron estas comunidades siguen presentes y conservan el sentido de pertenencia de generaciones de personas a una tierra cuyos testimonios físicos se ven amenazados por el llamado progreso y modernidad de inacabables reconversiones. La valoración positiva de la industria que en su tiempo fue novedad en el siglo XIX se reconvierte ahora en que las ruinas, restos y patrimonio acumulado pueden servir de atractivo turístico y recurso a un nuevo concepto de desarrollo local, incluido junto a las tradiciones históricas y artísticas.

En una región como Asturias, paradigmática de las luces y sombras del desarrollismo industrial de España, afectada por graves y costosos programas de reconversión y crisis económica y social, aún se está tiempo de que sobrevivan testimonios de lo cotidiano herederos de aquel espíritu y praxis que trajo a Asturias la Ilustración , con la impronta del insigne Jovellanos , y también el maquinismo, la revolución industrial con viajeros de tierras extranjeras provistos de teodolitos, goniómetros, planos abundantes y una jerga técnica que deslumbró a los incipientes capitanes de la industria en Asturias.

Estos viajeros, precursores del moderno turismo científico e industrial, adelantados del turismo cultural fueron personajes como Townsend que en plena época romántica se acercó al norte de España, en 1792, comentando que aquí «la gente es rara, pero activa porque es libre», posteriormente ya en 1861, otro científico y general, Francisco de Luján, decía refiriendose a Asturias que «tiene todos los fundamentos para convertirse en una de las regiones más industriales de Europa», a pesar de sus dificultades montañosas y clima adverso, y escasez de puertos. Luego George Borrow, en 1870,otro romántico tardío, John Chamberlain, político que descubre en el pujante siglo XIX aciudades con emporios industriales como Gijón y Trubia, las explotaciones mineras, algo de industria y comienzos de la vida moderna en la región. Los viajeros franceses como Alexandre L. Joseph, o el Conde de Saint- Saud, con su pasión por los Picos de Europa que nos descubre las infraestructuras y explotaciones mineras, a la vez que describe con singular y bella expresión el patrimonio natural de los Picos de Europa, como Fontán de Negrín que en 1905 visita también Picos, como el belga Carlos de Haes, y Eugeniusz Frankowsky, polaco y antropólogo, que estudia los hórreos asturianos y como Fritz Krüger que llega hasta Somiedo y Leitariegos, investigando la etnografía.
Y que decir del geólogo Guillermo Schultz, que desde 1834 realizó en Asturias sus certeras observaciones y mapas geológicos tras recorrer sus valles y montes, y Roberto Frasinelli, el alemán de Corao , y Numa Gilhou el banquero francés que será impulsor de la industrialización del valle del caudal y artífice de Fábrica de Mieres, y tantos otros que tomaron la máxima de Stevenson si «la cosa es moverse», para los nómadas, ligarse a la tierra es despedirse de la libertad.

Estrategias de Desarrollo Territorial

Las nuevas estrategias de desarrollo territorial han llevado en los últimos años a una consideración esencial de los aspectos espaciales, con referencia tanto al análisis de impactos como de conocimiento de las propias capacidades y potencialidades en contraposición con otras políticas sectoriales de crecimiento menos reconocededoras del territorio.

El territorio ha sido tratado como un espacio euclediano neutro y homomórfico y no como el ámbito donde se plasman las relaciones socioeconómicas. Se consideraba al espacio como simple apoyo geográfico de objetos y relaciones que no tienen ninguna incidencia en otros actores sociales, ni en la resolución de conflictos.

Toda realidad tiene una dimensión espacial y temporal. Este aserto nos lleva a introducir el tiempo histórico en el análisis espacial entendido como la unidad de elementos económicos, estéticos y filosóficos de un todo social. No ha existido históricamente un conocimiento suficiente sobre la existencia de un conjunto amplio de acciones y políticas territoriales provenientes de otros ámbitos administrativos y corporativos que influyen en la ordenación y localización de los usos y recursos del territorio y, por tanto, en la configuración de los programas de política regional o local como los planes de ordenación urbana, planes hidraúlicos, forestales, de transportes, equipamientos, de ecodesarrollo.

El desarrollo local (Fernández García 1991) requiere un nuevo servicio innovador y con acción económica de los agentes públicos y privados integrados en la comunidad local., con aplicación de los recursos endógenos y la consecución de ayudas exógenas en ese proyecto de base integral que ultime la consecución del bienestar social, ya sea en materia de empleo, formación, equipamientos públicos y políticas culturales.

Frente al concepto de «espacio» como contexto geográfico interesa resaltar el de «territorio» como actor de desarrollo que comprende la heterogeneidad y complejidad del mundo real. Es importante la intervención de los poderes públicos como «animadores» en la construcción de u este entorno de servicios que en forma sistémica facilite o haga posible el desarrollo, tanto productivo, como social y empresarial (Alburquerque 1998). El Estado y las Administraciones locales y regionales deben intervenir estratégicamente en la planificación, aunque los contenidos y actores del proceso sean diferentes.

Ligado a la antedicha definición del Desarrollo Local no seria ajena a nuestra pretensión de insertar el aprovechamiento de recursos patrimoniales del patrimonio industrial en un proceso de impulso local el denominado estilo de desarrollo (Oswaldo Sunkel 1980), esa «manera que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales con el objeto de resolver los interrogantes Sobre Qué; Para Quienes y Cómo producir bienes y servicios», y para ir aún mas allá en este aspecto no podemos obviar el concepto de desarrollo sostenible (Informe Burtland, CNMA 1987) en el que la idea principal plantea el problema «de cómo satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades».

En estos últimos años, la consideración del Patrimonio Industrial como un nuevo Bien Cultural, como recurso, posibilita la aplicación de significativos ejemplos de como los viejos monumentos industriales ó distintos elementos edilicios y testimoniales de la historia técnica, social y cotidiana de las áreas de vieja industrialización puedan contribuir a la puesta en valor con actividades distintas pero garantizando que la antigua memoria colectiva no se pierda, más bien, sea un positivo activo con vistas al futuro.

Patrimonio Industrial en Asturias

El Museo del Ferrocarril en Gijón, sito en las antiguas estaciones de Renfe en esta ciudad cuenta con una de las colecciones de locomotoras de vapor más importantes de Europa, este proyecto museográfico, junto al ya consolidado Museo de la Minería, ha puesto de relieve una serie de actuaciones de recuperación patrimonial, labor llevada a cabo en los últimos años en el ingente y valioso patrimonio asturiano, tan ligado desde mediados del siglo XIX al proceso y desarrollo de la segunda revolución industrial en España.

El modelo industrial que se ha desarrollado en Asturias -carbón, vapor y acero- delimita las huellas y restos patrimoniales de las actividades de producción, de la técnica y de la arquitectura en materia de metalurgia y siderurgia, de actividades marítimas y portuarias, de minería del carbón y de la otra minería. La arqueología industrial es una historia con muchas historias, unas se presienten y otras aún se ven y se viven en esta región de norte peninsular. Por eso no es extraño que sean el Ferrocarril y la Minería del carbón las actuaciones que conciten la mayor atención y la aplicación de mayores recursos económicos en la construcción de Museos y actuaciones directas o inducidas de recuperación del patrimonio industrial.

A mediados de los años ochenta, la Dirección Regional de Cultura del Principado de Asturias, encargó un inventario de patrimonio industrial a un equipo del Departamento universitario de Geografía de la Universidad de Oviedo. El trabajo, inconcluso en algunos aspectos, permitió detectar y recolectar un amplio elenco de datos de bienes patrimoniales de la industria. De todos modos, los objetivos o finalidad de un inventario: la protección y la difusión (relacionados siempre con la administración pública) permanecen inéditas. En esos años, la asociación de «Amigos del Ferrocarril de Asturias», pergeñó un inventario de elementos ferroviarios de carácter histórico existentes en la región. En cierta medida se aportó como parte fundamental en el trabajo anteriormente citado, en otro aspecto sirvió para que empresas y entidades tomasen conciencia del valor que tenía su patrimonio. Tal es el caso de Hunosa, que gracias a este trabajo de los amigos del ferrocarril preservó una treintena de viejas locomotoras de vapor de los antiguos trenes mineros, y bastantes elementos como vagones, piezas, utillaje, y maquinaria diversa. Los resultados de aquella llamada de atención sirven ahora para contemplar verdaderas joyas de la industrialización asturiana y española. Los Museos del Ferrocarril y de la Minería, son ya una realidad, financiados en gran medida con programas y fondos de la Comunidad Europea para regiones en reconversión (Resider, Rechar y PNIC principalmente).

La imagen de Asturias con la minería del carbón y con la industria metalúrgica y siderúrgica llega a identificar a aquellos equipamientos como «Museos de la Recesión o de la Reconversión», por emplear una expresión al uso. La puesta en marcha de estos grandes museos como el de la Minería en El Entrego inaugurado en 1994, con alrededor de 80.000 visitantes al año, con su interesante «Mina Imagen» que reproduce formas y labores mineras, junto a sonidos y ambiente de gran precisión , en pleno corazón de la cuenca minera asturiana, ó el citado del Ferrocarril en Gijón, importante centro fabril puede dar esa referencia en un primer momento. Ambos están teniendo un gran éxito de público en su andadura. Pero la realidad es mucho más compleja y amplia que dejar reducido el panorama de la recuperación y uso del patrimonio industrial a estos aspectos, tan interesantes por otra parte. Ello sin olvidar los problemas de las últimas décadas con la pérdida de piezas y referencias que conlleva la ausencia de políticas claras al respecto, ya que no existe legislación protectora del patrimonio industrial, como nuevo bien cultural. Son insuficientes y tímidos los trabajos previos de investigación y selección a estos efectos, tanto en los planes y normas urbanísticos locales, como en la propia Comunidad Autónoma.

A los dos grandes Museos que albergan importantes colecciones, máquinas y pasajes de estos procesos industriales, se unen el Museo Marítimo de Luanco, el Museo de la Sidra en Nava, el Archivo de Indianos en Colombres, el Museo de los relojes en Corao, diversos Museos Etnográficos, como el del Pueblo de Asturias en Gijón, Grandas de Salime, Pola de Somiedo, la senda del oso en el antiguo vial minero de Teverga a Proaza. Están pendientes proyectos como el ambicioso Museo de la Siderurgia, relacionado con la desaparición de los antiguos Altos Hornos e instalaciones de Ensidesa y hoy de Aceralia y el nuevo uso de terrenos industriales en Langreo y Avilés. En un plano más modesto el Museo de la madera y de la artesanía de la madera en Caso. Se está viviendo una verdadera eclosión de puesta en marcha de itinerarios industriales que conllevan en muchos casos la insinuación o referencia para futuros ecomuseos, dada la riqueza del patrimonio industrial, en muchos casos vivo. Ello complementa la ya extraordinaria e importante tradición museística de carácter histórico y de patrimonio cultural, con exponentes tan conocidos como los del arte prerrománico, del Museo de Bellas Artes de Asturias, o los propios del parque nacional de Covadonga, Muniellos y otros parajes naturales que dimensionan claramente la interrelación en el territorio del patrimonio industrial, con el cultural y el natural en su interpretación y puesta en valor en la región.

En estos últimos años, en Asturias la iniciativa privada y la pública han llevado a efecto proyectos que van desde la salvaguarda y puesta en valor de los complejos preindustriales y etnográficos de la zona de Taramundi y Grandas de Salime: los batanes, mazos, martinetes que siguen funcionando actualmente en «Os Teixois», donde la familia Legazpi mantiene en pie la extraordinaria central hidroeléctrica, molino y demás ingenios basados en la fuerza del agua, al igual que otros en «Mazonovo» y diversos elementos dispersos en las comarcas de Los Oscos y Grandas en un entorno natural rehabilitado que mantiene el enclave en condiciones adecuadas de interpretación de este proceso de los albores de la industrialización.

También se ha inaugurado el «Museo de la Sidra», en Nava, que permite la recuperación de prensas, artefactos, reproducción de las técnicas artesanales de fabricación de este bebida de la manzana, a la vez que crea una referencia para difundir y conocer el proceso industrial sidrero de tanta tradición interna y externa a la región.. La propia permanencia de la fábrica de «El Gaitero» en Villaviciosa, de la última década del pasado siglo. Los «Llagares» donde se estilan los procesos naturales y clásicos de producción de la transformación de la manzana, supone la recuperación y uso de importantes elementos de la arqueología industrial en la región.

Por otra parte en Asturias, se mantienen huellas industriales y elementos singulares como es el caso de las Centrales hidroeléctricas de La Malva de 1917 y otras en las zonas de Somiedo y Belmonte, obras imponentes de ingeniería pendientes de un más amplio conocimiento y difusión como ruta industrial. Son abundantes los molinos de marea y agua, tal es el caso del de Tornón en plena ría de Villaviciosa y los situados en la ruta del «Profundu». Sin contar los complejos industriales pendientes de nuevo uso y amenazados de ruina, como el caso del puerto de San Esteban de Pravia, enclave ligado a los procesos minero – industriales de principios de siglo del capital vasco de Hulleras de Turón, que mantiene en pié muestras de arquitectura, ingeniería y elementos patrimoniales de gran interés.

Pero, sin duda, es en la minería donde se plasman más proyectos en curso: desde la puesta en valor de huellas industriales: viejas bocaminas y planos inclinados, caso de Coto Musel en Laviana, la consideración de ecomuseo y de conjunto de patrimonio histórico del valle de Turón, la recuperación de edificios industriales de las primeras décadas de siglo del Pozo Barredo en Mieres, ligado a la construcción de un nuevo campus universitario, la posibilidad de una ruta del oro de antecedentes romanos en Belmonte y Navelgas, la recuperación por Hunosa del Pozo Fondón , de la primera década de siglo, como centro de documentación y archivo histórico de la minería, el centro de artesanos ubicado en la antigua sierra de maderas de 1920 en Trabanquin, la rehabilitación del Pozo San Vicente, de connotación simbólica e histórica por haber tenido una interesante experiencia autogestionaria a partir de 1926, donde se ha hablado de ubicar una exposición permanente sobre historia del movimiento obrero.

Asturias tiene también en funcionamiento auténticas joyas de la arqueología industrial española.. La Fábrica de Tabacos de Gijón, de 1822, ubicada en el antiguo convento de las Agustina recoletas en el barrio marinero de Cimadevilla, que mantiene todavía su actividad. Allí es donde se elaboran los populares «Farias» y las cajas de puros para la Corona. Las connotaciones sociales de las cigarreras, con notables relaciones sociales y culturales en la ciudad, de técnicas de producción e historia técnica son objeto de atención preferentes para los estudiosos de la arqueología industrial. Al igual que las Fábricas de armas de Trubia y La Vega, en Oviedo, identificadas en su devenir histórico con la industrialización española.

La cultura de las chimeneas se mantiene todavía en pie en Asturias, a pesar de sufrir un duro y doloroso proceso de continuas reconversiones, readaptaciones, modernización, eufemismos para describir un proceso de desaparición de fábricas y emporios que soportaron una de las experiencias industriales más complejas e importantes desde mediados del siglo XIX en España.

No es de extrañar, pues, el creciente interés de muchos entusiastas, investigadores, estudiosos, asociaciones y entidades, colegios profesionales en manifestar su preocupación, en pensar en proyectos de aplicación y puesta en valor para defender, proteger y reutilizar este ingente patrimonio industrial. Las finalidades y ejemplos van desde su vertiente museística, con nuevo uso para equipamientos públicos de carácter cultural, social, económico o industrial, y otras muchas con fines de turismo cultural, o en puridad de sus vertientes el llamado turismo industrial o bien del denominado turismo científico. La cuestión es auspiciar iniciativas tendentes a la conservación, rescate, colaboración con museos, administraciones y empresas, elaboración de proyectos aplicados a la reutilización y puesta en valor del patrimonio industrial asturiano, preservando la memoria del lugar y los valiosos testimonios que subyacen aún, dotándoles de futuro, que el pasado de la región merece y obliga.

Referencias bibliográficas

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