JOSÉ EDUARDO CARRANZA LUNA

Profesor- Investigador de la Facultad de Arquitectura de la BUAP

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Breve C.V.:

José Eduardo Carranza Luna, Doctor en procesos territoriales: Región, Ciudad, Arquitectura y Patrimonio por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Maestro en Arquitectura (Investigación y Docencia Urbanismo) por la Escuela Nacional de Arquitectura, UNAM. Profesor- Investigador de la Facultad de Arquitectura de la BUAP; Posgraduado en Universidad Politécnica Sczcecin, Polonia; Universidad Tecnológica de la Habana (JAE) Cuba; Instituto de Urbanismo, Paris VIII, Francia; Instituto de Urbanística de la Escuela de Venecia, Italia y Universidad Politécnica de Cataluña, España. Ha construido y restaurado diversos edificios con los que ha ganado varios premios en las Bienales de Arquitectura Poblana. Ha escrito diversos artículos, que han sido publicados en libros especializados de carácter colectivo y ha participado, como ponente en congresos internacionales en América y Europa con temas relacionados con la arquitectura, el territorio y el patrimonio cultural. Lineas de investigación: Diseño, Patrimonio y Sustentabilidad; Publicaciones relevantes: “La inmanencia de la crisis en el paisaje industrial degradado” (2019); “Interacción y procesos urbanos en la evolución de la Industria textil de Puebla” (2019); “Posibilidades de la resiliencia del patrimonio industrial afectado por el sismo” (2019); “El caserío obrero de la constancia mexicana” (2015); “Complejo industrial abandonado el mayorazgo –la esperanza: un sistema textil unido por la electricidad” (2015); “Tipología de la vivienda obrera” (2014); “El paisaje Industrial  en los Albores de la Urbanización” (2012); “La formación de la primera prefería y su proletarización” (2012).

«PATRIMONIO AGROINDUSTRIAL AZUCARERO EN EL VALLE DE IZUCAR, PUEBLA».

SECCIÓN: Paisajes agroalimentarios, metodología en aplicaciones patrimoniales en el territorio, turismo responsable y sostenible.

Consumada la conquista, Hernán Cortés hizo traer desde Cuba en 1522, plantas para la siembra de la caña de azúcar, en tan sólo 2 años ya había cañaverales en Veracruz, Michoacán, Jalisco, Morelos y Puebla, pues encontraron tierras fértiles con lluvias moderadas y las condiciones climáticas similares a las de Cuba para su desarrollo.

Los iniciales trapiches para la molienda de la caña, a base de mulas o animales de tiro, con el tiempo se fueron sustituyendo por maquinaria movida por la fuerza hidráulica y finalmente por la eléctrica. En Puebla, en la región de Izucar de Matamoros, el desarrollo de la industria agropecuaria requirió de una infraestructura hidráulica importante, las fincas agrícolas, conocidas como haciendas por sus grandes latifundios, tuvieron expresiones arquitectónicas significativas, de buena factura, de las cuales hoy en día subsisten algunas de las más productivas, otras por desgracia se han perdido o se encuentran en un grado de deterioro francamente lastimoso.

Se desarrolló igualmente una infraestructura ferroviaria de alrededor de 90 km de extensión, para el traslado de la caña de los cañaverales hasta los ingenios. De los 11 centros productivos que existieron en la zona, aún se conservan dos, los de Atencingo y Calipam, que aportan más del 11% de la producción azucarera del país, unas 31 mil toneladas al año.

Si bien es cierto que ya algunas han sido restauradas y rescatadas, otras haciendas se siguen dañando debido a la incuria y al abandono. En este trabajo exponemos la situación que priva en este trascendental patrimonio, que extrajo del tallo de la caña, los dulcificantes con alto potencial energético, que desde tiempos inmemoriales han cultivado las culturas asiáticas, africanas, europeas, y en América a partir de la colonización.

SECTION: Food routes and circuits, training and dissemination, responsible and sustainable tourism.